Lo que parece
Algo dicho con cariño.
Lo que es de verdad
Una pieza del sistema de bienestar italiano.
Quien pasa un tiempo en Italia lo nota enseguida: los abuelos están en todas partes. A la salida del colegio, en el parque, en el pediatra, en el supermercado con un nieto de la mano.
La primera explicación suele ser: «Qué bonito, los italianos están muy unidos a la familia». Cierto. Pero es solo media historia.
En muchísimas familias, dos padres pueden trabajar a tiempo completo porque, al otro lado de la ciudad, dos jubilados ya han reorganizado su día.
Mamma, riesci a prendere Matteo all’asilo?
Papà, puoi aspettare il tecnico del gas?
Ci tenete i bambini un paio d’ore?
Llevan a los nietos al colegio, preparan la comida, los cuidan cuando están enfermos, cubren vacaciones y permiten que los padres lleguen tarde del trabajo.
No es una ayuda ocasional. Es una organización. Los abuelos forman parte de la infraestructura invisible de muchas familias italianas.
Y naturalmente todo tiene un precio: algunos descubren que jubilarse no significa tener tiempo libre, sino empezar un trabajo nuevo. Solo que nadie lo llama trabajo.
La escena
— Ciao mamma, scusa... faccio tardi.
— Dimmi.
— Riesci a prendere Luca all’asilo?
— Certo.
— E magari tenerlo fino alle sette?
— Va bene. Gli preparo anche qualcosa da mangiare.
Es martes.
La clave para entenderlo
En Italia, los abuelos no son solo la memoria de la familia. Son parte de la manera en que la familia consigue funcionar. La pregunta quizá no sea por qué están tan presentes, sino qué pasaría si mañana decidieran jubilarse de verdad.
