Lo que parece
Un refrán que invita a madrugar, esforzarse y sacrificarse para conseguir resultados. Quien duerme se queda sin pesca. Parece indiscutible.
Lo que es
Pero ¿quién ha dicho que queramos esos peces? El pescado se compra en el mercado. Las horas de sueño perdidas, no. Y el pescado, al cabo de unos días, huele.
La teología de la siesta
En el norte protestante de Europa, trabajar se convirtió casi en una virtud moral y descansar, en algo sospechoso. El italiano contempla esa ética desde una terraza frente al mar. El protestante trabaja para merecer el Paraíso. El italiano se imagina el Paraíso con vistas al mar y prefiere disfrutar de un adelanto. ¿Para qué trabajar toda la vida por un lugar donde al fin no hay que trabajar?
Las matemáticas de la decepción
La alegría de ganar pocas veces compensa el disgusto de perder. ¿La solución? No participar. Quien no compite no queda último; quien no se fija metas no fracasa. Chi si accontenta gode: conformarse también es disfrutar. Quien no se conforma acaba montando una empresa.
La herejía del norte de Italia
En ciertas regiones del norte de Italia, la nave industrial se ha convertido en catedral. Salir a las seis parece pecado; irse de vacaciones, una debilidad. Han importado la ética protestante sin tener que renunciar al Papa. Se trabaja toda la vida para descansar, generalmente cuando lo prescribe el cardiólogo.
La improductividad como conquista civil
El PIB mide cuánto se produce, no la satisfacción de una tarde sin hacer absolutamente nada. ¿Por qué producir diez si seis bastan para comer, pasear, mirar el mar y quejarse del Gobierno? Hay placeres que no caben en una hoja de cálculo.
La clave de lectura
«Chi dorme non piglia pesci» convierte cada minuto improductivo en una oportunidad perdida. ¿Perdida para quién? Uno madruga, prepara el anzuelo, pasa frío y limpia la pesca. Otro se levanta a las diez y pide una fritura de pescado con vino blanco. El primero pescó. El segundo vivió. Y el pescado, de todos modos, acaba oliendo.
