Lo que parece
El principio de un proverbio motivacional.
Chi vive sperando... — «Quien vive esperando…»
Parece que debería seguir algo edificante.
Podría.
Lo que es
La versión italiana del pensamiento positivo:
Chi vive sperando, muore cagando.
Literalmente: quien vive esperando, muere cagando.
Difícil verlo escrito en la pared de un gimnasio.
Pero la filosofía está clara: esperar está bien. Solo que no conviene fiarse demasiado.
La escena
Entras en un bar.
Café.
Un rasca y gana.
Rascas.
Nada.
— Algún día…
El camarero mira el boleto y luego te mira a ti.
— Chi vive sperando...
No hace falta terminar la frase.
Los dos sabéis cómo sigue.
Mañana probablemente comprarás otro.
El rasca y gana
Pocos objetos explican mejor esta relación italiana con la esperanza.
Quien lo compra sabe perfectamente que probablemente no ganará.
A menudo lo anuncia antes de rascar: «Total, nunca me toca».
Y después rasca con muchísimo cuidado.
Porque nunca se sabe.
Es pesimismo que ya ha pagado el boleto.
Fatalismo italiano
Los italianos esperan muchas cosas: una prórroga, una llamada, un contrato fijo, que un trámite bloqueado vuelva a moverse, el número correcto bajo la capa plateada.
Pero mostrarse demasiado confiado parece peligroso.
Por eso la esperanza viene con dispositivos de seguridad: Vediamo. Mah. Non si sa mai. Aspettiamo. Incrociamo le dita.
Y, por supuesto: Chi vive sperando...
No exactamente pesimismo
El pesimista cree que saldrá mal.
El optimista cree que saldrá bien.
El italiano compra el rasca y gana diciendo: «Cinco euros tirados».
Una tercera escuela filosófica: desear intensamente el resultado mientras declaras que nunca creíste en él.
Si sale mal, tenías razón. Si sale bien, has ganado.
Ojo
Chi vive sperando... no significa «no tengas esperanza».
Significa: no lo celebres antes de que haya ocurrido de verdad.
La esperanza está permitida.
El entusiasmo exige documentación.
Clave de lectura
Los italianos no han renunciado a la esperanza.
Simplemente han aprendido a negarla por adelantado.
Compra el boleto. Ráscalo. Di que nunca te toca. Compruébalo dos veces.
Cuando pierdes: «Lo sabía».
Luego tómate el café.
Y quizá compra otro.
